jueves, 12 de abril de 2012

Selene y Endimion

Es un mito relacionado con la divinidad de la luna, a la que los griegos denominaban Selene, hermana de Helios (el Sol) y de Eos (la Aurora). El mito, que recoge la influencia que la luna ha tenido ancestralmente sobre el espíritu poético, la ensoñación y el sentimiento amoroso, nos cuenta la relación que se establece entre la propia Selene y Endimión, un pastor de Caria y por tanto mortal.
Hijo de Etlio y Cálice, Endimión condujo a los eolios de Tesalia a Elide, convirtiéndose en su rey, aunque sería destronado. Fue entonces cuando se refugió en el monte Lamos. Desde allí admiraba embelesado la luz de la luna, atrapado por su atracción irresistible, hasta quedar profundamente dormido. Una noche Selene bajó hasta la cueva del pastor y viéndolo a la puerta durmiendo desnudo se enamoró también ella de él. Desde ese momento todas las noches bajaba a su lado y se recostaba junto a él sin despertarlo. Así transcurrió el tiempo hasta que una noche Endimión se despertó acariciado por un rayo de la luna y ambos confesaron su mutuo amor. Por ello y porque ninguno de los dos quería romper aquel hechizo, Endimión le pidió a Selene que le hiciera divino como ella, para que así su amor pudiera ser eterno. A lo cual accedió Zeus, aunque a cambio de sumirle en un profundo sueño, también eterno, desde el cual nunca envejecería y podría seguir amando a Selene para siempre.

Todas las noches, tras el paseo que la Luna realiza por el mundo para esparcir su luz blanca, Selene le visita. Selene sigue a su lado.  Aún así, todas las noches la humanidad recibe la luz de la luna, suave y serena, a veces más clara, a veces más tímida. Es Selene que se recuesta al lado de Endimion dormido y brilla más allá de su propia luz, con sus propias palabras mientras le habla.